3 poemas de Sara Ser y un libro libre

portadaSara Ser, es un poemario a presentarse el 21 de junio en la Casa Bagre, escrito por Miguel H. Tapia y publicado bajo el sello de Cascajo. Intenta reflejar la peligrosa cuestión de ser quien uno es, y querer lo que uno quiere; a pesar de.

El amor patético (como de niños), la cultura del hombre en serie y encajetado, la cuestión del provinciano, y un pato que baila, entre otros temas, van armando un libro, que vale por lo menos el tiempo de ser leído.

Pueden revisar el evento de la presentación en:

https://web.facebook.com/events/461106311359790/

Al final del artículo, el enlace con el poemarío completo y un bonus track en la horrísona voz del autor.


Sara Ser

Ser como el maíz o la papa.
Un eucalipto sorbiendo la fuerza de la tierra.
Viento y sangre a la vez.
El único fruto sosteniéndose
de mil tallos diferentes.
Ser el chuño que el frio alimenta
y las películas animadas japonesas
que adornan el ocio
con dolor y manchas.
Ser, en parte, los nexos
con la tierra blanca
y las castas.
El pescador frío en la madrugada.
El texto.
El griego.
Un dios pagano hecho hombre.
Tierra y piedra hechos dios.
Pico y pala rompiendo el aire
con gritos de desamparo
El baile de los dedos
y el brillo de la casa a las cuatro de la tarde.
Luego regresar.
Ser el patio de las letras
con la sombra de un libro y el regazo de Tania.

El olor a humo de un trago que no se ha de beber.
Querer la vida
y tragarla en un amasijo
sin forma ni sabor.
Ser todo
para acabar
como un interminable vacío que nunca acaba


También los patos bailan

Dedicado al artista del disfrute, Cantinflas
Cuando uno no sabe bailar
los cactus se empeñan en tapizar el suelo.
Levantar una pierna
Tratar inútilmente de mantener el equilibrio
como un trompo en su último estertor.
Caer.
Intentar zapatear un huayno o un carnaval.
Imitar el cortejo de un pato.
Caer.
Estirar las piernas
en tiernas hipótesis de dolor.
Escamarse la alegría
y aguaitar la ajena.
La sutileza de una pluma
marcando el ritmo del juego.
Elefantes de azul allanando la pista
o ratones temerosos tentando el aire
de la inalcanzable esquina del apatismo.
Puedes gritar hasta desgarrar la tristeza
como un Arguedas con dolor de pueblo
o una Fitzgerald con dolor de negro.
Pero si no sabes bailar
y no tienes los pies hechos raíces

ni telarañas taponando las orejas
puedes tan sólo seguir el ritmo de la sangre
y dejar salir un grito de guerra
mientras pisas a los demás
o conviertes la cabeza
en una alegoría del cuerpo:
¡Oh sí, beibe!
Eso,
si eres valiente.


Cómo llegar a París

Hay quien lleva un árbol triste en la mirada
y sigue andando.
Los hay enteros y a pedazos
Bailan, cantan, se desnudan en la plaza
Gritan
Clavan clavos en la arena
al capricho de la oleada
Arrastran por las calles
sus cabellos
sus esfuerzos
la culpa en la mirada
La madre sin sandalias
Gritan penas descarriadas.
Hay quién silba entre las calles
¡Deja trozos del zapato!
las uñas mal cortadas
¡Los libros bajo el brazo!


Bonus:

El poemario, libre para usar y reproducir en su totalidad, sin fines de lucro:

https://drive.google.com/file/d/1TxmI4xKpGZ8x4XTv1MgjRI526KPWT5a8/view?usp=sharing

 

Un comentario

Deja un comentario